Historias cotidianas, de aquí,
hoy y siempre

 

Es sábado por la noche y estoy solo en la habitación. Mi novia ha salido con unas amigas y yo decidí, más por cansancio que por falta de ganas, estacionarme en casa y pasar unas horas pegado al ordenador. Hace unos años actitudes como está habrían provocado una náusea en la peña: sentado frente a la pantalla un sábado por la noche sin planes y desempolvando recuerdos. Pero ahora me divierte y entretiene pasar un fin de semana a puertas cerradas.

Tengo 32 años. Ya no soy joven pero estoy aun lejos de considerarme viejo. Creo que nunca lo seré. Una parte de mí se siente miembro honorario de ese gremio de peterpanes eternos al cual pertenecen Michael J. Fox, Ralph Macchio y Bruno Pinasco, todos ellos con sus caritas de niños y almas de hombres. No sé lo que significa ser viejo, pero me voy dando cuenta que esa vitalidad de los 20, que te daban el ímpetu necesario para ir resaca tras resaca sin poner la bandera a media asta, a los 30 son un añorado tormento.

Cuando en Lima nos reuníamos el ñangón, el chato, el albino, el chuchu, yo y otra serie de desadaptados, la fiestas comenzaban los jueves y terminaban cuando el cuerpo se agotaba. No había lugar a reclamo: quien se unía al sodomismo del directorio era esclavo del alcohol y la chacota hasta que el santo hígado lloraba de puro ebrio.

Salir con ellos era pasarse días enteros sin llegar a casa, inventarse excusas irrisorias pero irrefutables para que el viejo no le echara candado a la puerta o acomodarse de lo lindo, almohada incluída, en el primer parque que apareciera a nuestro alrededor (¿Sí o no, Gianputa?). También era llegar al hogar a las 6:30 a.m. y provocar un sonoro retumbo en la escalera al segundo piso, cuando el cuerpo desfallecía en la orilla y no llegabas al cuarto, sino que terminabas cayéndote de bruces apenas te sabías dentro de un lugar seguro. O era aparecer en una habitación ajena, completamente desubicado y durmiendo con un negro obeso que exudaba insanos humores y roncaba como si tuviera un gato en la garganta (Me la debes….Chuchu) O era, también, llegar sano y salvo hasta la alcoba, con sigilo, para no provocar bruscos despertares, y dejarse llevar por el peso del cuerpo al ver la cama delante…pero sin percatarse de que todavía esa cama, traidora, cachacienta, estaba aun a TRES METROS delante…

Era también regresar a las 3 de la madrugada después de acompañar a cierto individuo a expresar infames monsergas a la ex novia de turno, completamente alcoholizado y cual Romeo frente al balcón de una Julieta inexistente, pero si de un padre Capuleto que no aguantaba pulgas, sobre todo de tez blanca, y amenazaba con salir a agarrar a patadas al loco enamorado. Era ver que este Romeo, despechado, imbuído de licor, manejaba como Meteoro después de salir a todo pedal de la escena, y era verlo llegar a casa, abrir la puerta del coche y quedarse dormido antes de poder ponerse en pie, desparramado en la acera y expulsando fétidamente, a modo de flatulencias insonoras pero deodorizantes, la adrenalina que ¡Dios gracias! lo había mantenido en vilo hasta estacionar el carro (o coche, como se le dice aquí en España). Era verlo como un pobre despojo humano de verano, después de aquella alegórica noche en Maranga.

Era también ponerse a buscar bichos en Año Nuevo, cuando la calle Torre Tagle parecía un escenario de guerra y el narizón un águila flaca en busca de roedores. Sí, ratones y ratas de todo calibre. Con el desagüe abierto por las obras del municipio, la mañana del primero de enero que ya pestañeaba, y nosotros completamente alcoholizados, ver saltar al pequeño animalito de un lado a otro de la alcantarilla nos sirvió de inspiración. “Hay muchas, lo presiento”, decía mi amigo de perfil en punta frente al desagüe abierto. “Estamos rodeados” decía yo, idiotizado y alerta ante la invasión…

Era también quedarse un viernes por la tarde en la esquina de Juan, un chino mandarín que solo hablaba para vender (que en paz descanses, chino…). Era comprar cervezas para matar las penas de amor adolescente, hacer chacota de cualquier estupidez y desperdiciar la vida a punta de un licor que se libaba sin pretexto, sin excusa. Era también una de las mejores épocas en él que era, y es, el mejor barrio en el que pude vivir.

Chuchu, aquí te dedico esta pieza.

Comments

  1. Kathlet
    Mon 09th Jan 2012 at pm 8:37

    Amigo, tenemos la suerte de haber nacido en Pueblo libre..y de haber conocido a la gentita del barrio….son buenos momentos para recordar siempre.

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    • Ricardo Granda  –  Tue 10th Jan 2012 at pm 5:09

      jajajaja…sí, y encima la suerte de haber nacido cerca de Juan, qué tal litro como va todo por allá?
      saludooos!

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  2. Cgrojasmerino
    Tue 10th Jan 2012 at pm 3:07

    Esos buenos años que vivimos, fue la mejor época de la juventud y poco a poco sin darnos cuenta los años pasaron y ahora estamos en otra etapa de la vida. Tenemos mucho que contarle a nuestros hijos y también mucha experiencia para evitar que pasen un mal rato. A pesar de todos los riesgos de la calle nunca salimos del camino, por el cual nos llevaron nuestros padres.

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    • Ricardo Granda  –  Tue 10th Jan 2012 at pm 5:09

      ya no te pongas sentimental oe, que yo tuve que dormir a tu costado y con un pantalón de popeye que creo era de Rocco….

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      • Cgrojasmerino  –  Tue 10th Jan 2012 at pm 7:53

        jajajajaja esos tiempos, no era un polo amarillo y un pantalon rojo ….jajajaja

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  3. patricia sanchez r.
    Tue 10th Jan 2012 at pm 5:25

    lindos recuerdos!!! aquellos años que uno recordara por siempre…..me haz hacho reir querido richii…muchos besitos y espero que podamos vernos muy prontito……….

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    • Ricardo Granda  –  Tue 10th Jan 2012 at pm 5:27

      si pues, y eso que no has leído el comentario que le pongo al chuchu. Difúndelo chato! ya a ver si estoy por ahí en agosto. Saludos a la señora, al  CH2 y a tu mamá!

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  4. Cgrojasmerino
    Tue 10th Jan 2012 at pm 7:54

    Debemos poner un placa en la esquina, que diga Esta es la Esquina de JUAN (El Coreano).

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  5. Cgrojasmerino
    Tue 10th Jan 2012 at pm 8:06

    No olvidemos la navidad y ceviche en el mercado de la Marina para continuar tomando…..

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