Hace unas semanas, mi querida novia volvió a sacarme de mis cinco sentidos. Ojo, esta vez no fue una pelea (no discutimos a menudo, aunque cuando sucede vivimos una especie de Apocalipsis que se repite…y repite…y repite) sino una frase que me heló de los pies a la cabeza y me dejó lelo, sin reacción, sin saber que decir frente a semejante perjurio.