“¿Por qué se acaba el amor?”. Esa pregunta me dejó helado, de una sola pieza. Tenía muchas respuestas, quería lanzarlas a modo de repetidos escupitajos. De haberlo hecho así, estos habrían estado cargados de realismo, raciocinio e incluso explicaciones científicas: el nivel de las feromonas, la pérdida de líbido, alteraciones en la sinapsis y ¡ah! ¡sí!, un bajo nivel de serotonina.