Mañana a las 11 y 55 de la noche regresaré a Lima después de cinco años. Será una visita efímera, un mes que traerá consigo una avalancha de celebraciones, recuerdos y reencuentros. Ya no soy el mismo, los que dejé en su momento tampoco, y por más que suelte la pausa que le puse a la película de mi propia vida, lo que viviré en ese momento no será una secuela: el libreto ha cambiado y los personajes, aunque interpretado por los mismo actores, son distintos.
En estos cinco años esta maestra vida me ha enseñado innumerables lecciones, todas ellas bajo la cálida sombra de la memoria de mis experiencias en Lima. No vale la pena hacer un recuento, puesto que no habría lugar para todas ellas y tendría no que escribir un post, sino (y que mejor descripción) un nuevo testamento.
En 2007, cuando visité por última vez a mi familia después de once meses de vida en España, aun llevaba conmigo pesares incólumes y estaba luchando contra ellos. A pesar, o quizás por ello, fue un mes fructífero, donde mi mente aclaró muchas cosas y regresó con nuevos bríos, aunque incompleta, con la última palabra del puzzle aun por encontrar.
La situación ahora se presenta distinta: cierta estabilidad se ha apropiado de mi, aunque no dejan de existir situaciones que a diario retan al optimismo, tambalean la conciencia y llaman a la reflexión. Hay expiaciones que siempre están ahí, omnipresentes, y sé que las llevaré toda la vida. Es bueno acostumbrarse a ellas, porque a estas alturas de mis 33 años ya he aprendido que son inofensivas, pero están ahi leales y amigas durante esa soledad latente que me envuelve y que a veces tanto me encanta.
Pienso en mi reencuentro con la familia y la ilusión se lleva mis pensamientos, pero mi instinto de supervivencia evoca situaciones que no rompen la magia, pero la contaminan. Mi mejor medicina es hablar con ellos y ver que, a pesar de la mentira que puede significar una conversación telefónica, por lo menos y en apariencia, la alegría se ha apoderado de ese hogar que ya no me pertenece.


Espero ese viaje con ansias. Sobre todo porque un viejo y gran amigo, mi padre, está esperando allí, con un ímpetu nervudo y portentoso. Al igual que mi madre coraje, ese ser cuyas arengas son gritos de capitán capaces de resucitar a un muerto en vida y darle ese hermoso y hercúleo carácter que ella posee.
Nos vemos el sábado…
Zambito!
Ya era hora. Pasa la voz para el desmadre.
Abrazo.
Bienvenido a Lima!!!!!!!! Me gustó lo que escribiste, suerteeeee!!!!!
mi hermano! genial post, pues a juntarnos, andaré viajando un poco pero quedamos para vernos, me llamas 999-285405, abrazo compadre!
no te olvides de llamrme para vernos…. ya estoy esperandote con muchas ansias………..qe tengas buen viaje querido richiiii
ya chato, cuando estoy por allá te mando un fonavi para encontranos. El fin de semana la pasaré con mi familia supongo, ya les diré. Saludos!