Dicen que cuando uno se bloquea es porque algo grande se avecina. No sé si será mi caso, porque en esta última semana me he sentido frenado, sin ganas para sentarme al ordenador y plasmar mis pensamientos en algún corto post o inclusive inventarme una frase que me levante de este letargo, que aparentemente ha venido para quedarse.
No hilvano ideas coherentes. Mis frases continúan siendo las mismas. No puedo quebrar ese esquema mental autoimpuesto al momento de expresarme y eso me produce cierto coraje, una comezón en la sien que va cangrenando mi mente y mis pensamientos, que no los deja liberarse, correr al compás del viento, disfrutar del colorido paisaje de la vida, aunque a veces sombrío y escueto, como una mañana de invierno en la ciudad de mis odios y amores, Lima, la gris.
Tengo muchas historias, relatos, experiencias inenarrables que están en el aparcadero de mi memoria y que no sé como hacerlas florecer. Las encontré hace poco, en un baúl escondido, pensando un poco entre lecturas de Rubén Darío y Kafka, unos clásicos impredecibles en cuya repetición está el verdadero gusto por la lectura. Nombres y libros que había olvidado desde épocas del colegio, en aquellos años en los que descubrí que la lectura no era una tarea más de la faena escolar, sino una pasión que desbordaría los anaqueles de mi propia voluntad. Entregarme a un buen libro se está convirtiendo en una adicción de la cual, suponía yo, ya enfermaba, pero que de un momento a esta parte se me ha manifestado en arcadas de pensamiento combinadas con nerviosismo y ansiedad, cuando después de dos días, por labores ajenas a mi voluntad, pero que tengo que cumplir porque formo parte de un pacto social (aquellas que incluyen el trabajo, las tareas diarias, el estrés necesario en estas sociedades modernas), el síndrome de abstinencia me hace sudar frío porque o no he tenido tiempo para leer o no he escrito una sola frase, una sola palabra que tenga para mí algún significado.
Este proceso se me está tomando perenne. Pero no hay mejor remedio que la misma enfermedad. Es por esto que, haciéndole caso a mi instinto más congénito, prematuro, me estoy zambullendo sin salvavidas ni flotador en las mareas más bravas de la lectura, del escribir, del expresarme. No importa cuando dure esta tormenta, al final de la noche llegará aquella paz, con un cielo de estrellas, reflejo de mi mente lúcida presta a componer, con éxito o fracaso, pero con todo el anhelo que me caracteriza, frases y estribillos que den a conocer mi ser profundo y mi personalidad.
Un psicoanálisis muy profundo en el abismo de tus sentimientos. Me he quedado sorprendido.
Bonito y bien escrito. Es un ejemplo de narrador discursivo de lo mejor que he visto. Cuantas veces me he encontrado en la misma situación y no he sabido expresarme tan bien como tu lo has hecho.
Gracias – @decc16419316f58d3aad1fec705f4c24:disqus de @MerchePostigo
Valoraría mucho tu opinión, si quieres dármela, sobre alguno de mis relatos , la tendré en consideración. estoy empezando
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