Para tener una visión más amplia sobre el problema vertebral que hace seis meses me tiene semi-postrado, decidí comprar un libro sobre el tema. Pero no cualquier bibliografía, ni mucho menos uno cuyas definiciones, probablemente por todo lo que he estado leyendo en bibliotecas, Internet y demás, ya conocía.

Mi primer libro de la biblioteca. Hernia Discal Lumbar. Autor: Francisco Villarejo. Muy recomendable.
Ya es pasada la medianoche y estoy aquí, invadiendo como un okupa la casa de un íntimo colega, celebrando la llegada del 2013. En realidad, digamos que no es momento de brindis ni champán, sino de reflexión y meditación, de un acercamiento conmigo mismo.
Estas dos semanas han sido inolvidables. Más allá de los infinitos reencuentros, las trasnochadas obligadas, las comparsas familiares y de amigos que se han realizado, porque después de cuatro años y medio ese músculo que no solo bombea sangre sino sentimientos me obligó a volver, aunque sea por unas semanas, a mi país, más allá de del licor inagotable y las risas estruendosas, cierta parte de mi ha descargado un gran peso de sus espaldas. Aun me quedan dos semanas por estas tierras y mi agenda pega gritos lastimeros porque el tiempo se pasa en un latido y no podré encontrarme con todos aquellos que hubiera deseado. Es cierto que una hernia bendita me ha obligado a perder horas valiosas entre clínicas y resonancias, pero la alegría del reencuentro ha sido el mejor analgésico para ese dolor físico y pasajero.
En Lima, alguna vez fui a una despedida de soltero. Cuando vine a España, hace ya cinco años, eran todavía pocos los amigos que, enamorados sin remedio, habían optado por la eutanasia del matrimonio. Ellos eran la excepción a la regla, aunque tengo que reconocer que la mayoría, o estaban comprometidos, o ya habían decidido ciegamente saltar al vacío ese del desposorio y dejar la tierra firme y segura de la soltería.
Por estar marchito entre códigos y programación, HTMLes y CSS, diseños mágicos cuyo verdadero armazón son una inacabable y larga hilera de unos y ceros. Por estar metido en un mundo nuevo para mí, pero a la vez interesante, he descuidado a esa amante fiel que siempre me espera, oculta entre las sábanas o al pie de mi mesa de noche: la lectura.