Aquella tarde, Marco y yo salimos a dar nuestro típico paseo de las cinco de la tarde. Aunque los efectos de la medicación ya dejaban traslucir un hilo de luz al final del túnel, faltaba aun mucho camino por recorrer y los momentos de lucidez, en la mente de Marco, eran un poco más que escasos. Pero el hecho que existieran ya era un avance.