Terminé la secundaría en el Colegio Champagnat en el año 1995. Si la memoria no me falla (un alzheimer precoz sería una dicha que creo no merecer), la decisión de darle a ese grupo de ciento y tantos de amigos el nombre de Promoción Hugo Salazar Rivero fue unánime. Hugo, quien irónicamente no estuvo en las fotos de nuestro último año en ese fortín miraflorino llamado Champagnat, ni en aquellas que traen a la memoria los tres últimos años de la secundaria, fue un gran amigo mío hasta que la leucemia decidió, sin concesión alguna y de forma inopinada, arrancarlo de este mundo: ese que aun no conocíamos y se resumía en juegos , bromas iracundas y en algunos casos (apostaría que en la mayoría) prácticas onanistas.